Excélsior

Un grupo de policías de la ciudad de Los Angeles, California, encontró a un pequeño vendedor de origen latino en las calles de la ciudad, y al acercarse a él, quien los miró con temor, le obsequiaron un pavo, por Día de Acción de Gracias, por lo que terminó llorando.

El material se ha hecho viral en México, con la comparación de que "aquí les tiran sus dulces".

Cada cuarto jueves de noviembre, los estadunidenses viajan a lo largo y ancho del país, abarrotando carreteras y aeropuertos, para cenar con sus parientes en la que es la cita familiar más importante del año.

Para muchos, eso supone compartir una larga comida con tíos, primos o sobrinos a los que les une poco más que el lazo familiar y se choca frontalmente en asuntos políticos y sociales.

Esa profunda división ideológica se agudizó el año pasado, en un "Thanksgiving" traumático dos semanas después de la victoria de Trump frente a Hillary Clinton y tras una de las campañas electorales más duras de la historia del país.

Por eso este año, según un sondeo publicado esta semana por los medios públicos NPR y PBS, el 58 por ciento de los estadunidenses tiene miedo a tener que hablar de política en la cena de Acción de Gracias y solo al 31 por ciento le apetece. El 11 por ciento restante dice no estar seguro al respecto.

El año pasado, según una encuesta de CNN, al 53 por ciento le daba pavor tener que discutir sobre las elecciones pero el 43 por ciento tenía ganas de ese debate en torno al pavo asado y la salsa de arándanos.



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