Associated Press |

El Diario de Juárez

Además de un fax y un teléfono fijo, no hay mucha tecnología en el consultorio de la Dra. Anna Konopka de 84 años, reporta The Washington Post.

Los récords de sus pacientes se encuentran en dos archiveros, que están en un pequeño consultorio, situado enseguida de su casa forrada con tablilla que tiene una antigüedad de 160 años y se ubica en New London, N.H.

Los registros están escritos meticulosamente a mano.  Knopka tiene máquina de escribir pero está quebrada y las partes han sido descontinuadas.

Debido a que en Estados Unidos, la Medicina está cada vez más regulada -y se espera que más médicos deben mantener sus registros de manera electrónica- el estilo de Konopka para ejercer la Medicina atrae a unos 25 pacientes a la semana.

Algunos tienen enfermedades complicadas como dolores crónicos.  Otros no tienen seguro médico. Konopka comentó que atiende a cualquier persona que pueda pagarle 50 dólares en efectivo.

Pero ahora no podrá hacerlo, ya que en septiembre se vio forzada a entregar su licencia médica, después que oficiales del Consejo de Medicina de New Hampshire cuestionaron la manera en que lleva sus registros, su manera de prescribir medicamentos y tomar decisiones médicas, de acuerdo a documentos de la corte.

Fue acusada específicamente de dejar las dosis de un medicamento a la decisión de la madre de una niña pequeña y de no prescribirle esteroides inhalados diariamente.

Konopka dijo que la madre de la niña ignoró sus instrucciones.

La ley estatal impide que el Consejo de a conocer o discuta detalles adicionales relacionados con la investigación sobre las quejas contra Konopka, cuyo caso está cerrado, según le dijo un miembro del Consejo al periódico New Hampshire Union Leader.

Después que Konopka entregó su licencia, el subcomité de revisiones médicas del Consejo recibió otras quejas en su contra, de acuerdo a documentos de la corte.

La doctora se pregunta si le quitaron su licencia debido a su inhabilidad y poca disposición a usar la tecnología para diagnosticar a sus pacientes o registrar las prescripciones que les hace en el programa obligatorio de monitoreo electrónico de medicamentos de New Hampshire.

El programa entró en vigor en el 2014, con el fin de reducir las sobredosis de opiáceos.

Konopka nació en 1933 en Rzeszow, Polonia, situada unas 60 millas al norte de Eslovaquia y al oeste, en la misma distancia, de Ucrania.  Trató de asistir a la Facultad de Medicina durante el régimen de Joseph Stalin pero fue puesta en la lista negra porque no quiso unirse al Partido Comunista.

Eventualmente fue aceptada en la Escuela de Medicina a mediados de los años 1950, después de la muerte de Stalin.

Emigró a Estados Unidos en 1961 y obtuvo su licencia para ejercer después de varios exámenes escritos y residencias.  Empezó a atender pacientes en el Hospital de Santa Catarina en Brooklyn, abrió su consultorio privado en New London hace 28 años.

Las quejas relacionadas con la manera de prescribir medicamentos de Konopka empezaron en el 2014 --- primordialmente como “mentiras” de otros médicos, dijo.

Luego, se entabló una demanda relacionada con el tratamiento de una niña de 7 años que padecía asma y fue atendida por la doctora desde que tenía 18 meses.

Konopka comentó que la niña llegó a su consultorio con taquicardia, una condición en la que el corazón late demasiado rápido.

Pensó que se trataba de un efecto colateral del medicamento para el asma de la niña, y le dio otra prescripción.

Al revocarle la licencia, oficiales del Consejo de Medicina de New Hampshire dijeron que Konopka no confirmó el diagnóstico de la niña con otras pruebas de seguimiento ni la refirió a un cardiólogo, de acuerdo a los documentos de la corte.

Konopka comentó que la medicina moderna alienta a los médicos a usar los registros electrónicos para diagnosticar a los pacientes.  Pero ella no quiere aprender a hacerlo, ya que considera que es lo suficientemente experimentada para diagnosticar a los pacientes examinándolos y hablando con ellos.

Está luchando para recuperar su licencia, que entregó voluntariamente en septiembre después que le dijeron que era la mejor opción para sus pacientes.

Aproximadamente 30 de sus pacientes han escrito cartas de apoyo.

Sin embargo, el 15 de noviembre, el juez John Kissinger de la Suprema Corte de Merrimack, descartó el caso de Konopka para que recuperara su licencia.

“Queda claro para la corte que la Dra. Konopka ha pasado toda su carrera ayudando a la gente y tiene un compromiso genuino para solucionar las necesidades de los que no tienen recursos para obtener atención médica en otro lado”, escribió Kissinger en su fallo.

“Su motivación para buscar una orden judicial que le permita continuar con la práctica médica proviene del sincero deseo de ayudar a sus pacientes”.

“Sin embargo, el permitir que Konopka continúe ejerciendo su carrera, podría ser inadecuado y podría ignorar el proceso establecido por la legislatura para regular la práctica de la Medicina en este Estado”, finalizó Kissinger. 

 



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