AFP

París– ¿Qué tenemos en común con las estrellas de mar y los gusanos marinos? Un antepasado con forma de saco y nueve orificios, según un estudio publicado hoy por la revista británica Nature.

“En tanto que vertebrados, pertenecemos a un grupo conocido bajo el nombre de deuterostomios”, explica a la AFP Simon Conway Morris, de la Universidad de Cambridge y coautor del estudio. “Pero este grupo es de una diversidad enorme”, agrega el investigador. Puesto que también encontramos las estrellas de mar, los gusanos marinos, los erizos...

De ahí la pregunta: ¿cuál es el antepasado común de estas especies tan diferentes?

Al descubrir “Saccorhytus”, en la provincia de Shaanxi, en China central, unos investigadores chinos dieron al parecer con la respuesta.

“Saccorhytus nos reveló a qué se parecía a nuestro antepasado común”, afirma Conway Morris. Era minúsculo (1 mm), con forma de saco y ocho aperturas en todo el cuerpo, además de la boca, muy prominente.

Estas minúsculas criaturas acuáticas, halladas fosilizadas, vivieron hace unos 540 millones de años, probablemente entre los granos de arena en el fondo del mar.

Para los autores del estudio, se trata del deuterostomio más antiguo hasta ahora conocido. Y por lo tanto “del antepasado prehistórico más antiguo del ser humano”.

“Saccorhytus nos aporta informaciones importantes sobre las primeras fases de la evolución de un grupo que condujo a los peces y finalmente, a nosotros”, indicó un comunicado de la Universidad de Cambridge.

El minúsculo animal tenía una gran boca (respecto al resto de su cuerpo). Se alimentaba probablemente engullendo partículas de alimentos y criaturas diversas.

Los investigadores no excluyen que dispusiera de receptores sensoriales, pero no hallaron nada que pudiera parecerse a unos ojos.

Las ocho aperturas cónicas le permitían quizás evacuar el agua que se tragaba, especialmente porque al parecer el animal no tenía ano.

Estos orificios podrían ser “el precursor evolutivo de las branquias de los peces”, según la Universidad de Cambridge.

Para los investigadores, detrás de este mini-monstruo, Saccorhytus escondía un “nivel destacable de complejidad orgánica para un estadio tan precoz de la evolución animal”.



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