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Anchorage, Alaska— Por primera vez en la historia de la más famosa carrera de trineos jalados por perros, varios de los animales de alto rendimiento resultaron positivos de haber consumido un fármaco prohibido. Pero los funcionarios de la carrera se rehúsan a dar el nombre del musher involucrado.

Varios análisis en los perros resultaron positivos de que a los animales les fue administrado un opioide y analgésico llamado Tramadol, según dijo en un comunicado el consejo directivo de la Carrera de Perros de Trineo Iditarod Trail, de mil millas (1609.3 kilómetros). El equipo fue sometido a un análisis seis horas después de haber terminado la carrera en Nome el pasado marzo, según funcionarios. Se estima que la droga podría haber sido administrada entre 15 horas y justamente antes del análisis.

El vocero de Iditarod, Chas St. George, dijo que el nombre del musher no se ha dado a conocer en apego a la asesoría ofrecida por un abogado. St. George dijo que el musher tampoco ha sido nombrado debido a que es poco probable que los organizadores de la carrera puedan demostrar que el involucrado intencionalmente les haya administrado el fármaco a los perros.

St. George dijo que al musher se le permitirá participar en la carrera el año entrante y no enfrentará ninguna acción disciplinaria.

El miembro del consejo de Iditarod y musher Aaron Burmeister, dijo el miércoles que él no conoce la identidad del musher involucrado. Sin embargo, sólo los primeros 20 equipos en llegar a Nome son sometidos a un análisis, según señaló.

Todos parecen ser culpables siempre y cuando el equipo afectado siga sin ser identificado, dijo Burmeister, un contendiente de Iditarod que no participó en las dos carreras anteriores.

“No es una buena situación”, dijo el miércoles. “Espero que podamos resolver esto de manera positiva y que el musher involucrado dé la cara”.

La carrera Iditarod comenzó a realizar análisis en los perros de trineo en busca de substancias prohibidas en 1994. Los perros de todos los equipos están sujetos a pruebas aleatorias que se realizan antes de la carrera o durante el recorrido. Sin embargo, las pruebas hechas en Nome a los primeros equipos en llegar a la meta son obligatorias.

Como resultado de que los análisis resultaran positivos, la norma en el reglamento de la carrera que se toma como base para lidiar con el uso de drogas en los caninos fue revisada a principios de este mes para que los mushers sean hechos responsables de cualquier análisis que resulte positivo en las próximas carreras a futuro, al menos que demuestren que los resultados ocurrieron fuera de su propio control. Anteriormente, la norma podía ser interpretada para solicitar que los funcionarios de la carrera ofrecieran pruebas de que un musher administró intencionalmente la substancia prohibida a sus perros.

El dopaje es un tema muy controvertido entre los mushers, según dijo Burmeister. En cuanto a por qué un musher les daría a los perros fármacos prohibidos a sabiendas de que se realizarán análisis en Nome, se especula que quizás un competidor podría haberles administrado la droga. Los mushers transportan por aire la comida de su equipo de perros a puntos de encuentro a lo largo del recorrido hasta con dos semanas de anticipación, y la comida se queda ahí hasta que los mushers arriban al punto de encuentro para utilizarla.

Pero a Burmeister no le convence esa teoría. “Como musher que soy, ¿por qué otro musher le daría a los perros de su competidor una droga para mejorar el rendimiento?” dijo.

Burmeister dijo en varias ocasiones en una entrevista por teléfono que ningún otro equipo de perros había resultado positivo en la carrera.

“Sólo espero que la gente sea más consciente y se den cuenta que los mushers no están dopando a sus perros”, dijo. “Este es un incidente aislado”.



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