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Ciudad de México— El consumo de carne de caballo no es peligroso por sí mismo para la salud, lo riesgoso es cuando el animal no fue criado específicamente para consumo humano, reveló María Salud Rubio Lozano, profesora de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM.

“La carne de caballo se puede consumir como cualquier otra, el problema es que este alimento no venga del mercado formal y carezca de controles sanitarios y de inocuidad”, destacó.

La experta en Ciencia de la Carne indicó que, en los casos detectados en mercados y tianguis, se trataba de equinos de carga, con altas concentraciones de clembuterol y que, seguramente, cuando enfermaron recibieron dosis de antibióticos y anti-inflamatorios, que quedaron en el producto final.

“La cuestión es que estos animales, en general, son animales de tiro, de trabajo, que no están producidos para llegar al plato”, explicó la doctora que participó en la investigación que puso al descubierto la venta de carne de caballo como si fuera de res en seis ciudades del país.

En el humano, detalló, los síntomas por el consumo de clembuterol son intoxicaciones acompañadas de taquicardia, sudoración y temblores musculares, que, en la mayoría de los casos, no pasan a mayores.

Para que dicha sustancia prohibida, usada como cebo en los animales, cause un daño permanente, se tendría que consumir regularmente y en altas cantidades.

“Las muertes asociadas a esto son muy poquitas, hay muy pocos reportes, dos o tres en Europa, nada más, que han podido hacer una correlación directa con el clembuterol”, precisó.

La recomendación de la experta a los consumidores es que compren carne en establecimientos de prestigio, como tiendas de autoservicio.

“Que la gente que vaya a comprar carne confíe en su carnicero, que hablen con él; el carnicero debe estar informado.

“Uno debe saber de dónde viene ese producto, si lo han matado en un rastro que tenía buenas condiciones sanitarias, si el producto es realmente lo que se está pidiendo”, concluyó.

El estudio, que concluyó en octubre de 2016, recolectó 433 muestras en poco más de 150 establecimientos formales e informales de la Ciudad de México, Aguascalientes, Zacatecas, Chihuahua, Pachuca y San Vicente Chicoloapan.

De la carne reunida, alrededor de 10 por ciento tenía ADN de caballo, de las cuales, 29 dieron positivo para clembuterol.



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