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El Diario de Juárez

Desde que los teléfonos abandonaron los bordes cromados para extender los márgenes de la pantalla, el sensor de huellas digitales, que estaba disimulado en el botón central, ya no tiene dónde estar. Para desbloquear el equipo, la alternativa mejor perfilada es el sistema de reconocimiento facial y de iris, que viene montado en la cámara frontal de los modelos top de la actualidad. Y aunque esta opción es cómoda y parece un gran invento, muchos expertos remarcan las flaquezas de convertir el rostro en una contraseña, escribe El Clarín.

El iPhone X, que a nivel mundial se puso en venta una semana atrás (no en Argentina) deslumbra por reconocer el rostro de su dueño con solo acercarlo a un metro de la nariz. Un sistema semejante está presente en la gama alta de Samsung, que comprende el reciente Note 8, más los Galaxy S8 y S8+. Mientras que LG lo ofrece para sus modelos G6 y Q6.

Como ocurre con otras tecnologías embrionarias, Apple no fue el primero en introducir un reconocimiento facial en el iPhone, aunque lo comercializa con tanta elegancia que ahora parece indispensable tener uno a mano. Y aunque lleva 10 años investigando lo que se conoce como el Face ID, no se apresuró y lo integró en el momento propicio.

Para despejar la pantalla, la cámara frontal del iPhone X utiliza cuatro sensores que miden la profundidad del rostro, mientras un proyector dispara 30 mil puntos de anclaje invisible y a partir de este modelo en 3D, elabora un modelo matemático que funciona como clave de acceso. Para garantizar la identificación en diferentes condiciones, registra más de 50 expresiones faciales.

En el terreno de la probabilidad, la chance de que otra persona pueda acceder al dispositivo por medio de la huella dactilar es de unas 50 mil, según Phill Schiller, vicepresidente de marketing de Apple. Pero “con el reconocimiento facial, el número se eleva de una en un millón”, retruca.

“La familia S8 y el Note 8 de Samsung tienen varios dispositivos de seguridad que se pueden combinar para aumentar el nivel de protección. Por ejemplo, la huella digital se puede combinar con reconocimiento facial o escáner de iris. La ventaja que te ofrece la lectura de iris, que es un poco más riguroso que el de rostro, es que como el ojo posee un patrón único, es más fiable. Para autenticar, emite una luz infrarroja que ilumina el ojo mediante una onda de luz que no se percibe a simple vista y que tampoco contrae la pupila. El resultado obtenido lo compara con el que tiene guardado”, indica Jean Del Pino, senior marketing de la división mobile de Samsung Electonic Argentina.

La solución que propuso la firma LG, tanto para su dispositivo emblema G6, como el lanzamiento reciente Q6, fue aliarse con Sensory, una firma estadounidense de tecnología de reconocimiento facial para obtener el TrulySecure. A través de cualquier cámara, este software con inteligencia artificial permite verificar la identidad de quien intenta desbloquear la pantalla.



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