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The New York Times

¿Compraste de manera consciente muñecas para tu hijo y camiones para tu hija? ¿O intentaste evitarte conflictos y les diste a ambos objetos de madera artesanales, aunque luego terminaste arrastrado por la industria de las princesas y los calzoncillos de superhéroe?

Observar cómo juegan los niños con los juguetes que refuerzan los estereotipos de género nos ofrece una ventana hacia cómo se desarrolla el sentido infantil que determina qué  corresponde supuestamente a un niño o a una niña. Puede entonces ser un indicador importante de qué tipo de habilidades adquieren los niños pequeños mientras juegan y si sus horizontes académicos y profesionales son igualmente amplios —o si terminan descartando posibilidades por sí mismos—.

Un nuevo estudio muestra el efecto potencial que tienen las palabras e imágenes para contrarrestar los estereotipos de género y para abrir el panorama de los niños a posibles intereses y actividades. Los expertos afirman que esas alternativas son importantes porque pueden influir en qué habilidades aprenden los niños y en las posibilidades que creen tener para sí mismos.

Lauren Spinner, psicóloga del desarrollo de la Universidad de Kent en Inglaterra, es la autora principal de un estudio publicado en enero en la revista especializada Sex Roles, que observó el efecto en niños —de entre 4 y 7 años— de mostrarles imágenes de otros niños jugando con artefactos estereotípicos y con otros que van en contra de esos modelos.

Un investigador leyó en voz alta las palabras impresas en un globo de diálogo junto a la imagen. En un grupo experimental, los niños seguían el arquetipo tradicional de género: “¡Hola! Me llamo Sarah. ¡Mi juguete favorito es un Mi Pequeño Pony! Tengo muchos y juego con ellos todos los días”. “¡Hola! Me llamo Thomas y me gusta jugar todos los días con mis autos. ¡Son mis juguetes favoritos!”. Para el otro grupo experimental, Sarah tenía los autos y Thomas, los ponis; aparte de eso, lo que decían era idéntico.

Después de haber visto las imágenes, los niños en el estudio recibieron un grupo de juguetes, escogidos para representar el modelo estereotípico de lo que es masculino y lo que es femenino (un bebé, un avión de combate, un kit de herramientas, un juego de té) y les preguntaron quién debería jugar con qué juguete. Los niños que habían visto las imágenes que no correspondían al estereotipo dieron respuestas más flexibles; se mostraban más abiertos a la idea de que tanto niños como niñas podrían querer juguetes tradicionalmente pensados para un género en particular.

También fueron menos rígidos cuando contestaron a la pregunta de con qué niño les gustaría jugar; la exposición a Sarah con el auto y a Thomas con el poni dio como resultado que los participantes estuvieran más dispuestos a jugar con alguien del sexo opuesto. Entonces, los juguetes en las imágenes sí influían en la decisión de a quién querían como compañero de juegos.

Spinner señaló que ver las fotografías no cambió las preferencias sobre qué juguetes querían los participantes mismos. Sí era más probable que dijeran que otros niños y niñas sí podían jugar con una variedad más extensa de juguetes; sin embargo, los dos grupos experimentales no tendieron a escoger ellos mismos los juguetes no pensados como típicamente de niño o niña para sí. Por otro lado, Spinner dijo que tan solo fueron expuestos a una imagen y que es posible que si tuvieran a su alrededor más de esas imágenes contrarias a los modelos convencionales, los niños se volverían más abiertos a disfrutar toda la gran variedad de juguetes disponibles.

Laura Zimmermann, psicóloga del desarrollo y profesora de Psicología de la Universidad Shenandoah en Virginia, fue la autora principal de otro estudio publicado en 2017 en la revista especializada Journal of Children and Media. En este se observó la respuesta de los niños en edad preescolar a los comerciales de juguetes. Zimmerman dijo que los niños muestran más flexibilidad que antes respecto a para quién creen que van dirigidos los anuncios; por ejemplo, algunos respondieron que tanto a niños como a niñas les puede gustar Batman o la línea “femenina” de los bloques Lego.

“Su comportamiento se volvió mucho más estereotípico cuando se les preguntó sobre sus propias preferencias”, dijo. En especial, los niños estaban poco dispuestos a aceptar que les gustaba cualquiera de los comerciales dirigidos a las niñas.

No obstante, Zimmerman recalcó que los anuncios en sí mismos aún reflejan los mismos viejos modelos. “Me preocupa que los anuncios para niños formen y refuercen estereotipos”, dijo Zimmermann. “Obviamente no funcionan aislados; hay fuertes presiones en otros ámbitos de la sociedad que influyen, pero los anuncios son poderosos”.

No se trata de quitarle la muñeca ni de desaparecer el tren.

“Si no están interesados en involucrarse en juegos sin distinción de género, también está bien”, escribió Zimmermann en un correo electrónico. “Los niños deben ser libres de jugar con los juguetes que disfruten y con los que la pasen bien; los juguetes no deberían ser ‘asignados’ por género”.

Sin embargo, también hay investigaciones que establecen que, cuando las líneas se marcan con mucha firmeza, los mundos infantiles no solo se vuelven más divididos, sino también más limitados. Spinner dijo que los juguetes tradicionalmente considerados masculinos, como bloques y rompecabezas, fomentan las habilidades espaciales y visuales, mientras que los juguetes tradicionalmente denominados femeninos fomentan la comunicación y las habilidades sociales.

“Si los niños solamente juegan con uno, entonces están perdiendo la posibilidad de adquirir muchas otras habilidades”, dijo.

También limitan sus propios intereses y el alcance de su futuro.

“Sabemos que formar y reforzar estos estereotipos puede estar ligado a otras áreas que van desde los objetivos educacionales y ocupacionales, que pasan por la capacidad académica y que llegan hasta el desarrollo social”, comentó Zimmermann. “Es verdaderamente importante ofrecerles a los niños una gran gama de experiencias”.

Conforme los niños crecen, dijo Spinner, tienden a volverse más flexibles sobre lo que las niñas y los niños pueden hacer; los de 7 años son menos rígidos que los de 4 o 5 años. No obstante, los mensajes que reciben de su entorno son importantes y también lo es tener la oportunidad de jugar con juguetes —y con otros niños— de maneras que no los encajonen con demasiada firmeza.

“Es muy importante la mezcla de géneros en el juego, hacer que los niños y las niñas jueguen entre sí y reconozcan comportamientos similares”, dijo Spinner. “Los niños pueden vencer la ansiedad de jugar con niños del otro género si pueden entender que a todos les gusta jugar con cosas similares, en lugar de solo enfocarse en el género del otro”.

En algún momento entre los 2 y los 3 años, los niños toman conciencia de si son niños o niñas, de acuerdo con los psicólogos del desarrollo, quienes a menudo citan la teoría del desarrollo de la identidad de género de Lawrence Kohlberg; a partir de ese punto comienzan a designar a la gente a su alrededor como femenina o masculina, así como a crear reglas y categorías de qué tipo de comportamientos, intereses y hábitos van con cada identidad.

“Las buenas o malas noticias son que la experiencia hace la diferencia”, dice Zimmermann. Las imágenes que ven los niños pueden reforzar estereotipos y limitar sus horizontes, pero también pueden abrir sus posibilidades y hacer que los niños se convenzan de que tienen más alternativas. Los niños están buscando constantemente pistas sobre qué significa la identidad de género; los juguetes y el juego deberían darles más cabida para ello, no limitar sus decisiones.

Muchos padres tienen anécdotas de que a una niña que le dieron un tren terminó meciéndolo como si lo quisiera dormir o un niño con una muñeca que la empujó por el piso haciendo ruidos de tren, algo que echaría por la borda los intentos bien intencionados de los padres para motivar el juego sin género. Los padres no tienen que “erradicar” todo el juego apegado a los roles de género convencionales, apuntó Zimmermann en un correo electrónico.

“Después de todo, una princesa puede jugar con gusanos. Y los pastelitos de ninja son bastante sabrosos”.



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