Excélsior

Ciudad de México.- Para celebrar el Día de Muertos, cuando se entremezclan los colores, los aromas y sabores de todos los productos que se ofrecen en el mercado de Villa de Zaachila, sobresale el pan de muerto “adornado” junto con las calaveras de azúcar, las jícamas, el cacahuate, la nuez, las velas, el copal y el mezcal para el altar.

Conocido también como pan bordado, este producto es único en Oaxaca y en México, porque no se elabora en ningún otro lugar, más que en este municipio, cuna de la cultura zapoteca, ubicado a 25 kilómetros de la capital de Oaxaca.

Si bien, igualmente se vende el tradicional pan de yema del Día de Muertos, el pan adornado es el que más se comercializa en estos días, por su decoración con flores de colores vivos, hechas de masa y pintura vegetal.

Los podemos encontrar de diferentes tamaños, desde los individuales hasta tamaños sorprendentes.

La aplicación que cubre el pan semeja los bordados del mandil que usan las mujeres de la zona.

El pan adornado con flores de colores y caritas de migajón es altamente apreciado, no solamente por los habitantes de la Villa de Zaachila, sino también de la ciudad de Oaxaca de Juárez, Cuilápam de Guerrero, La Trinidad Zaachila, Santa Inés del Monte, San Miguel Peras y de otros municipios de los Valles Centrales, pero también en la Ciudad de México y en Estados Unidos.

"El pan adornado se diferencia de todos, contiene manteca y anís. En ningún pueblo se hace como en Zaachila”, aseguró el panadero Catarino Chacón.

Las panaderías de la localidad no tienen la fecha exacta de cuándo y las razones que llevaron a sus ancestros a incluirle elementos coloridos al pan dulce que se ofrenda a las animas, según la tradición popular.

Hay versiones que aseguran que se hace desde 1969, pero hay otras que refieren que hace un siglo.

Catarino ejerce el oficio de panadero desde hace 36 años, su experiencia lo ha llevado a elaborar variedades de pan, aunque de todos prefiere el pan de muerto adornado.

"Cada año vienen a comprar miles de piezas algunos migrantes que son de aquí, para después venderlas a los paisanos en la Ciudad de México o Nueva York. Hasta allá llega el pan”, contó Catarino.

En la panadería familiar de Catarino se elabora el pan de muerto del 24 de octubre al 1 de noviembre, se llegan a producir unas 10 mil piezas por lo que se trabaja en tres turnos y, para aligerar la carga de trabajo, contrata personal eventual.

Tal como ocurre en otras panaderías de Zaachila todos participan adornando la masa cruda con flores nochebuena, claveles, nube, alelís, rosas en enredaderas, o bien enredaderas o macetas. Después pasan al horno.

"El secreto está en que los adornos no pierdan su brillo, que resalte su chispa. Que se conquiste al verlo y olerlo”, mencionó.



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